Mi proceso
Soy varón de 28 años, casado hace 2. Vivo con ella hace 12 años fuera de nuestra ciudad natal, en la que nos criamos y en donde nos conocimos. El contacto con nuestras familias es mayormente por teléfono, vamos a "nuestras casas" cada año para las fiestas decembrinas.
En mi primer sesión, la psicóloga me dio un test, el cual fue bastante sencillo. Tenía alrededor de 30 preguntas, incluso algunas preguntas se me hicieron repetitivas.
En dicha sesión, le dejé ver a la psicóloga que mi esposa y yo estábamos en dificultades. Nos habíamos distanciado, según yo, debido a la rutina y a que cada vez pasabamos menos tiempo juntos. Que esto había hecho que cada quien comenzara a desviar sus pensamientos e ideas hacia distintos rumbos.
Conversando con mi esposa acerca de esto, me daba cuenta que la vida que llevabamos ya no le satisafacía. Comenzaba a querer irse a trabajar fuera del país, para experimentar, ése era su sueño. Yo lo veía como una obsesión suya y al mismo tiempo, me sentía incapaz de darle esa oportunidad o, al menos, de seguirla en caso de que lo consiguiera.
En ese momento yo sólo sabía que las cosas estaban mal, de hecho muy mal. Casi sentía que la perdía. Sin embargo, el hecho de enfrentarla, y darme cuenta que, efectivamente, ella estaba casi convencida de dejarme - o darnos un break- me hizo recapacitar: súbitamente mi mundo giró 180 grados: lo que para mí era algo seguro (su amor) simplemente ya no estaba más; el habernos casado con todas las de la ley y por la Iglesia ya no tenía el estatus de irrevocable. Me cimbró hasta lo más profundo de los sentimientos, entrando ahora en una especie de crisis de superviviencia. Era un hecho que yo no podía vivir sin ella.
La terapia que ella estaba llevando me parecía que la estaba cambiando a ser indiferente conmigo y a ver las cosas de una manera muy distinta. Quería seguir sus sueños, conmigo o sin mí.
Al ver todo esto, quise acudir con la psicóloga, le presenté mis preocupaciones. Pero dijo que iríamos paso a paso. íbamos a empezar por el Yo para pasar al Nosotros. Para amar a alguien, primero tengo que amarme yo mismo.
Admito que salí un poco frustrado de la sesión, por no haber resuelto nada. Pero también con la esperanza de haber empezado algo que podía cambiar mi vida para bien.
Entre la primera y la segunda sesión, ocurrió en mí un profundo ejercicio de introspección. Me concienticé de muchas cosas que no había querido aceptar. Ahora me reconocía con mis defectos. La segunda sesión me dediqué a hablar de mí, de todos mis defectos, de lo mal que me veía ahora, era como un mosntruo, de varias cabezas y varias máscaras: Autocrítico, intolerante, cerrado, dejo para lo último lo que tengo que hacer, egoísta, evado la realidad, miedo al ridículo, etc, etc, etc...
La psicóloga me dijo que definitivamente no estaba viendo lo bueno que yo tenía. Así que me dejó de tarea pensar en los puntos buenos que tengo y a continuar con el trabajo de introspección.
En mi primer sesión, la psicóloga me dio un test, el cual fue bastante sencillo. Tenía alrededor de 30 preguntas, incluso algunas preguntas se me hicieron repetitivas. En dicha sesión, le dejé ver a la psicóloga que mi esposa y yo estábamos en dificultades. Nos habíamos distanciado, según yo, debido a la rutina y a que cada vez pasabamos menos tiempo juntos. Que esto había hecho que cada quien comenzara a desviar sus pensamientos e ideas hacia distintos rumbos. Conversando con mi esposa acerca de esto, me daba cuenta que la vida que llevabamos ya no le satisafacía. Comenzaba a querer irse a trabajar fuera del país, para experimentar, ése era su sueño. Yo lo veía como una obsesión suya y al mismo tiempo, me sentía incapaz de darle esa oportunidad o, al menos, de seguirla en caso de que lo consiguiera. En ese momento yo sólo sabía que las cosas estaban mal, de hecho muy mal. Casi sentía que la perdía. Sin embargo, el hecho de enfrentarla, y darme cuenta que, efectivamente, ella estaba casi convencida de dejarme - o darnos un break- me hizo recapacitar: súbitamente mi mundo giró 180 grados: lo que para mí era algo seguro (su amor) simplemente ya no estaba más; el habernos casado con todas las de la ley y por la Iglesia ya no tenía el estatus de irrevocable. Me cimbró hasta lo más profundo de los sentimientos, entrando ahora en una especie de crisis de superviviencia. Era un hecho que yo no podía vivir sin ella. La terapia que ella estaba llevando me parecía que la estaba cambiando a ser indiferente conmigo y a ver las cosas de una manera muy distinta. Quería seguir sus sueños, conmigo o sin mí. Al ver todo esto, quise acudir con la psicóloga, le presenté mis preocupaciones. Pero dijo que iríamos paso a paso. íbamos a empezar por el Yo para pasar al Nosotros. Para amar a alguien, primero tengo que amarme yo mismo. Admito que salí un poco frustrado de la sesión, por no haber resuelto nada. Pero también con la esperanza de haber empezado algo que podía cambiar mi vida para bien. Entre la primera y la segunda sesión, ocurrió en mí un profundo ejercicio de introspección. Me concienticé de muchas cosas que no había querido aceptar. Ahora me reconocía con mis defectos. La segunda sesión me dediqué a hablar de mí, de todos mis defectos, de lo mal que me veía ahora, era como un mosntruo, de varias cabezas y varias máscaras: Autocrítico, intolerante, cerrado, dejo para lo último lo que tengo que hacer, egoísta, evado la realidad, miedo al ridículo, etc, etc, etc... La psicóloga me dijo que definitivamente no estaba viendo lo bueno que yo tenía. Así que me dejó de tarea pensar en los puntos buenos que tengo y a continuar con el trabajo de introspección.
Hola, quiero aprovechar este espacio para llevar un diario del proceso de terapia que estoy empezando.
Le dije que no sé estar enojado, cuando me enojo no digo ni hago nada, pero se me nota en la cara. Y cuando estoy muy enojado y enfrento a quien me hace enojar, sólo me echo a llorar.
Bloqueos:
Eje de la autoestima: Bloqueado

